Cuando el tiempo pasa los recuerdos vienen a mi mente con nostalgia…llegaba la semana santa y la casa entera se vestía con un dulce aroma a dulces típicos hechos por la vieja Sady (mi mamá); y mi papá no dudaba en decirnos que era hora de empacar y alistar el vestido de baño porque la hermosa playa blanca esperaba por nosotros…Éramos los cinco, el número perfecto para disfrutar de unas mini vacaciones en familia.
Empacar en cuestión de minutos, subirse al carro, pelear la ventana con Lau y Diani, viajar con el mar al lado y llegar a la arena; bajábamos todo del carro y enseguida armábamos las carpas para el camping…mi papá muy tiernamente nos despertaba en la madrugada para contemplar el amanecer y como un ritualito nos bañábamos en el helado mar a las 6:00 a.m., luego corríamos en la orilla, y cualquier huella en la arena blanca era motivo para jugar… qué buenos recuerdos! (Algunas foticos de la época, gracias madre por conseguirlas).
Entre sonrisas y pataletas fui creciendo a una velocidad que no podría medir, pero sé que si le pregunto a mi papá o mamá, con certeza sabrán describir el pedazo de su vida que se fue en la medida en que crecía….entonces, entiendo que este post es dedicado a la sonrisa que se dibuja en mi rostro cuando pienso en la gratitud que siento por ese par de angelitos a los que llamo papá y mamá, a todo lo que me han dado y que todavía siguen aportando a mi formación diaria.
Entre sonrisas y pataletas fui creciendo a una velocidad que no podría medir, pero sé que si le pregunto a mi papá o mamá, con certeza sabrán describir el pedazo de su vida que se fue en la medida en que crecía….entonces, entiendo que este post es dedicado a la sonrisa que se dibuja en mi rostro cuando pienso en la gratitud que siento por ese par de angelitos a los que llamo papá y mamá, a todo lo que me han dado y que todavía siguen aportando a mi formación diaria.
No puedo imaginar por un segundo cómo habría sido mi día a día sin mi familia, sin mis hermanas, con las que a pesar de las discusiones aprendí lo esencial, a ser una mujercita cuando ellas ya eran señoritas y yo todavía gozaba de mi niñez; aprendí de su nobleza y valentía, porque ellas siempre estuvieron allí para mí; y aunque en edades difíciles no entendía muchas cosas y rechazaba los planes familiares entregada a una rebeldía injustificada, hoy, luego de algunos años comienza la etapa de reflexión en la que suspiro y digo “menos mal todavía hay tiempo para disfrutarlos, para “recuperar” el tiempo perdido, pero especialmente para hacerles sentir lo valiosos que son para mí”.
Ver los errores como aprendizaje y entender que la única manera de enmendar una por una nuestras embarradas es evitar cometerlas de nuevo. Pienso y busco entre muchos puntos en los que quiero reflexionar, y descubro que mi asunto preferido para resaltar con cada palabra aquí escrita, es el valor de la familia, la importancia y dedicación que le damos a las personas que han estado a nuestro lado desde que fuimos concebidos…de alguna u otra manera, estando lejos aprendí que sin ellos no fuera la persona que soy, que cada consejo (por sapo que me pareciera cuando era adolescente) me hizo crecer y enfrentarme a la parte dura de la vida, que los abrazos de mamá son únicos y curan todo tipo de dolor físico o emocional; entendí que tus hermanos son una extensión de ti y si les sucede algo es como si te pasara a ti mismo…descubrí que el ejemplo de tu padre como hombre (si eres hija, mujer) marca significativamente el modelo de hombre que desearás para tu vida y finalmente, hago una pausa, miro a mi alrededor, noto que está lloviendo y decido tomar el inicio de la semana santa como una oportunidad para vivirla entre memorias, trayendo el amor al presente y continuando con los demás temas sumergidos en el tintero de la reflexión.
Les dejo un webabrazo!

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2 comentarios:
Que bueno verte escribir de nuevo...
Cuando somos niños queremos crecer y cuando hemos crecido queremos volver a vivir esos tiempos felices que ya no volveran.
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