De vuelta al papel después de más de un año sin escribir
palabras que no fueran de trabajo en el teclado de la computadora…Hay un coro
de voces en el silencio de mis 25 que me recuerdan que es tiempo de exteriorizar:
hechos, noticias, cambios, decisiones, aprendizajes, decepciones, libros,
amigos, intentos de enemigos, entre otros temas que surgen día a día.
En estos meses sin aparecer por mi blog, pido disculpas a
quienes disfrutan de la curiosidad de leer mis vainas y les confieso que he
estado llena de secretos por lo que no podía venir a escribir una historia
normal.
Mis las letras surgen cada noche, justo antes de dormir,
cuando regreso a casa y al abrir la puerta siento un olor a propiedad con un
toque de soledad, el cual he aprendido a reconocer bien, pues ya son quince
meses viviendo sola; allí con mi cama, la alfombra de las meditaciones, los
chocoros de la cocina, una neverita para parecer normal y un par de
ventiladores que gracias a Dios no hacen ruido.
No puedo mentir cuando recién vuelvo al ruedo de la
escritura; esta independencia ha sido más un trabajo personal, mental y
fortalecedor para mi yo femenino de bien adentro. La ropa la llevo semanalmente
donde mi mamá, quien es una diosa de amores, malcrianzas y cada vez que me
visto siento ese olor a casa familiar que me mantiene conectada con ellos, aún
cuando ya no compartamos el mismo techo. La relación con papá ha mejorado del
cielo a la tierra, a pesar de que el camino no ha sido fácil, ambos le hemos
puesto ganas.
Sigo en confesiones…hace un tiempo visitaba una psicóloga que
trabaja “imnosis programática” y saben qué?? Esta es una de las experiencias
más increíbles de mi vida; así tal cual, difícil de creer que tuviera ciertos
temas, que creía superados, dentro de mis recuerdos oscuros. Temas como el
perdón, el olvido, el autoestima, y el autocontrol, protagonizaron cada sesión
a las que dejé de ir porque ya me sentía muchísimo mejor conmigo misma y con el
entorno; aunque también por cuestiones económicas (consentir a la salud mental sale
caro).
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| Foto actual por si a caso :) |
Sin embargo, aprendí a meditar por mi propia cuenta,
manejando la respiración, disfrutando de buenos recuerdos, sumergiéndome en
algunas canciones y dejando hacer a mi mente lo que le provocara; de vez en
cuando me gusta complacer a mi cerebro, así como él me deja atormentarlo con
algunos recuerdos.
Llevo doce meses trabajando en un casino, gerenciando un
tema candente: el servicio al cliente. No es fácil el conflicto moral que se
genera cada mañana cuando te gustaría aconsejar a todas esas personas para que
no gasten su dinero en este campo del entretenimiento y más bien disfruten
de viajar, comprar, comer en deliciosos restaurantes, entre otras opciones de
diversión que nos ofrece la vida; pero bueeeh! Cada quien con su cada cual; "entre gustos no hay disgustos" dice el dicho.
Por hoy, no quiero abusar de mis dedos, aunque mi mente me
lleva loca con un dictado que al parecer va para largo…He estado leyendo a
Héctor Abad Faciolince con “El olvido que seremos”, un libro recomendado para
quien ha vivido el caliente amor que se siente en la costilla de un padre y a
quien no le cuesta interpretar la vida tal y como es: sin adornos.
Sé que muchos esperan a que hable del amor, pero para eso
existe un sin número de comedias románticas y libros torpes como “los
caballeros las prefieren brutas” de la vieja Isa! – yo por ahora me voy a
dormir sonriendo…hoy fui sincera con alguien y eso basta para sentir que mi día
ha valido la pena.
Cuiden sus corazones, porque de allí sale la energía que nos
inspira a hacer grandes cosas.
Abrazo!
