sábado, 26 de noviembre de 2011

De búsqueda y otras reflexiones

Con una sonrisa inapagable y los ojitos brillando, escuché la dulce voz de mi Sofi, a sus escasos cinco años celebraba con emoción la posibilidad de poder dormir con su tía, pero lo mejor de todo, poder pasar la noche en casa de sus abuelos.

Como un angelito, entro en mi cuarto y se apoderó sin dudarlo de mi cama, su pequeño cuerpo ocupaba sólo una cuarta parte, lo cual no fue problema para mí…Luego cuando Morfeo la atrapó, comencé a escuchar un ronquidito tierno influenciado por su gripa y combinado con lo que sería un profundo soñar.

¡Dormir con un angelito a mi lado me hizo pensar en tantas cosas! En los que algún día serán mis angelitos o mis diablitos, dependiendo de cómo me salgan…en las ganas de mirarla y contemplarla toda la noche, allí abrazadita a su oso, sin preocupaciones, sin temores, sin tristezas, si pensar en un hombre, sin más, relajada y soñadora, fascinada con el clima del cuarto y el sonido del ventilador; nada podría interrumpir ese sosiego.

Dentro de tanto suspirar me surgió la duda sobre hace cuánto tiempo (estoy hablando de años) no consigo dormir así, en plena paz, sin pensar en nada, sin dudar ni desearle algo al mañana, respirando tan pausadamente…y viene la lluvia de palabras convertidas en dudas, se escurren por todos lados hasta que mis manos las atrapan: Por qué cuando crecemos dejamos que el “ángel” se nos llene de inquietudes, de dudas, de otras personas, de amores deseados y otros despreciados, de dolores, amarguras, y de vez en cuando éste se place con buenos sentires y pensamientos frescos, pero estoy casi segura que le gana la incertidumbre a la calma en esta disputa.

Cuando el sueño se acerca a mi oído, muy pícaro me dice “déjame mostrarte colores que hace mucho no vez, olores que tal vez has olvidado, personas que necesitas recordar, lugares que aún no han sido dibujados…” suavemente hice caso, y mis ojos cerrando y abriendo, simulando el sonido de las olas del mar que llegan a la orilla y se van, conseguí alcanzar el ritmo de sofí al respirar para dar inicio a mi búsqueda por interior de paz y calma absoluta.